Blogia
"El Blogoximoron de Mijaíl"

El Altar de Pérgamo

El Altar de Pérgamo

"Y esta masa de piedra que servía al culto de los aristócratas sobre una mezcla de pueblos ligada a la tierra, ¿se ha convertido ahora en un valor libre en sí mismo, que pertenece a cualquiera que los contempla? Ciertamente eran figuras de depurado linaje las que aquí pisoteaban a bárbaros seres monstruosos, y no habían sido eternizados aquellos que hacían funcionar los molinos, herrerías y manufacturas allá abajo, en las callejuelas de la ciudad, los que trabajaban en los mercados, los talleres, los astilleros del puerto; y además el santuario sobre el monte a trescientos metros de altura, en el amurallado recinto de los almacenes, cuarteles, baños, teatros, edificios administrativos y palacios del clan gobernante, sólo era accesible para el pueblo en los días de fiesta; ciertamente sólo los nombres de algunos de los maestros han perdurado, Menecrates, Dionisades, Orestes, y no los nombres de aquellos que trasladaron los dibujos a los sillares, y que fijaron con compás y broca los puntos de corte, y que llenos de ingenio artístico habían tallado algunos nervios y cabelleras, y nada recordaba a los esclavos que desgajaron el mármol y cargaron con los grandes bloques hasta los carros de bueyes. Y aun así, el friso no solamente redundaba en la gloria de los que estaban cercanos a los dioses, sino también la de aquéllos, cuya fuerza aún se encontraba oculta, pues ellos tampoco eran ignorantes, ellos no se querían dejar esclavizar eternamente: ya al término de la construcción se alzaron, bajo el mando de Aristonico, contra los señores de la ciudad, porque la representación del vuelo de los dioses y de la destrucción del peligro inminente no expresaba la lucha entre el bien y el mal, sino la lucha de clases."

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

2 comentarios

B. -

Hoy parece que esta clase de lucha se entabla entre el grano de arena y la mole de granito. Pero los fértiles granitos de arena se extienden en playas y desiertos, inmensos, que ondulan con las mareas o se contonean en el brillo de las dunas... ; el granito, inflexible a agua y a viento, como en blanco y negro, sucumbirá a la hecatombe de la libertación.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

N. -

Claro que no son los actos de Filometor o Aristonico a los que deberíamos volvernos con admiración; sino los de María, Pepe o Isabel.
Es curioso que éstos se ocupan de analizar a aquéllos, antes que admirarse a sí mismos.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres